LA GENERACIÓN “TWITT”:
El término “Generación TWITT” y su concepto, así como el presente artículo están registrados y protegidos bajo legislación vigente de Derechos de Autor en México (2011) y Copyright USA (2011).
Nota: si eres estudiante y quieres utilizar este u otro material publicado para alguno de tus trabajos no plagies lo que aquí encuentras, usa lo que te sirva pero cítalo adecuadamente de la siguiente manera:
Zimbrón, M. (2011). La Generación “Twitt”: Aparatos psíquicos de 140 caracteres y sus implicaciones académicas y sociales. Recuperado de http://desdeeldivan.wordpress.com/2011/11/25/la-generacion-twitt/ el día X del mes X del año X (dependiendo en qué fecha hayas llegado tú a este artículo)
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LA GENERACIÓN “TWITT”: Aparatos psíquicos de 140 caracteres y sus implicaciones académicas y sociales (un punto de vista psicoanalítico).
Es incuestionable que el Internet y las Redes Sociales forman parte importante de la cultura actual. Su influencia es particularmente intensa en sectores jóvenes de la sociedad, principalmente entre los adolescentes, quienes son mucho más vulnerables que el adulto promedio.
Si bien el uso de Internet en sí mismo no encierra problemática alguna, el abuso sí lo hace y este uso se ha incrementado más con la disponibilidad permanente del Internet a través de los dispositivos móviles.
De acuerdo a un estudio reciente de Interactive Advertising Bureau (IAB) México, los adolescentes mexicanos de entre 12 y 18 años de edad navegan en Internet un promedio de 4 horas al día y, según un estudio de la empresa ComScore, las Redes Sociales -Facebook y Twitter en particular- son las que despiertan mayor interés, con un promedio de navegación de 7.1 horas al mes entre toda la población mexicana, ocupando así nuestro país el décimo lugar de los 25 países que más tiempo pasan en las redes sociales.
No es motivo del presente trabajo abordar el uso excesivo de Internet en general ni de las Redes Sociales en particular, como tampoco restar importancia a su utilidad, sino únicamente analizar los posibles cambios que el uso de estas herramientas como medio de distracción, relación, comunicación y convivencia virtual, generan en la psique de los adolescentes, cambios que pueden verse reflejados en los problemas emocionales y conductuales que observamos en ellos con mayor frecuencia.
En particular me centraré en Twitter, un servicio de microblogging que permite publicar y leer, en tiempo real, mensajes de una longitud no mayor a 140 caracteres, característica esta última compartida con los mensajes SMS entre teléfonos celulares y que atrae particularmente mi atención en tanto obliga al emisor a realizar todo tipo de adaptaciones en el lenguaje.
Es bien conocido el planteamiento de Lacan -influenciado por la lingüística de Saussure (1915) y la antropología estructuralista de Lévi-Strauss (1958)- en el que sostiene que “el inconsciente se estructura como el lenguaje y es este mismo lenguaje el que determina el sentido de las estructuras de la mente”. Con base en este postulado surge y se comprende la hipótesis central de este trabajo: a partir de dichas adaptaciones en el lenguaje, los adolescentes -sin darse cuenta- propician modificaciones en su propia psique en general.
Más allá de las expectativas, motivaciones y otras cargas psico-emocionales que subyacen al uso de Twitter, en principio éste es básicamente un medio de comunicación y, como tal, requiere del uso del lenguaje, que es además un fenómeno social, a diferencia del habla que es un fenómeno individual, como aclara Saussure. También es sabido que el lenguaje constituye el código universal dentro de una “comunidad lingüística” como lo definen Fuchs y Le Goffic (1975).
Desde este punto de vista Twitter es nada más y nada menos eso, una moderna y alternativa comunidad lingüística que ha ido modificando la estructura del lenguaje en función de sus necesidades y limitantes, creando así una “neolengua”, en palabras de George Orwell (1948).
Y si el postulado de Lacan es cierto y el inconsciente se estructura como el lenguaje, que a su vez determina el sentido de las estructuras psíquicas, no es de extrañar que exista relación entre el uso de estos nuevos códigos de comunicación y las notorias modificaciones psicológicas, emocionales y conductuales en los adolescentes, las cuales pueden comprenderse desde el análisis de algunas de las funciones yóicas encargadas de mediar el funcionamiento de la persona en relación con su entorno.
Así, dentro de la prueba de realidad se modifican las percepciones interpersonales, pues el contacto a través del texto no nos permite captar el lenguaje no verbal de quien lo escribe, ni la intención ni la emoción detrás del mensaje. De lo anterior se deriva también un posible cambio en las relaciones objetales, donde lo esperable es que el otro sea percibido en su totalidad y no de manera parcial. Sin embargo, a partir del uso prolongado de las redes sociales, la tendencia es percibir al otro de forma parcial o modular, dado que éste se muestra únicamente a partir de lo que decide compartir y de la imagen que decide mostrar, y no de lo que realmente es en su unidad.
Por otro lado, los procesos del pensamiento se ven lógicamente afectados por las modificaciones del lenguaje (la sustitución de letras por números, palabras por símbolos, etc.) y porque el uso de equipos de cómputo e Internet permite hacer varias cosas a la vez, lo cual resulta útil, pero también genera patrones de conducta que se traducen en problemas de atención, al pretender funcionar de la misma manera en otros contextos que exigen la concentración en un solo objetivo, afectando por ende el funcionamiento autónomo.
A partir de lo anterior no es difícil observar la similitud y relación entre las funciones yóicas afectadas y las conductas observadas comúnmente en los adolescentes, tanto en salones de clases como en casa, como son: falta de atención, impulsividad, agresión, etc. asociadas además frecuentemente, con el “trastorno de moda” en las escuelas: “Trastorno por Déficit de Atención”.
Por otro lado, en las nuevas personalidades de la “Generación Twitt” el narcisismo juega un papel cada vez más relevante, cuantifican el número de “amigos” y “seguidores” que tienen en Facebook y Twitter, y se sienten reflejados a través de la mirada virtual del otro en función de sus reacciones a los comentarios, fotos y otras manifestaciones que comparten en esas redes, alienándose así en ese gran Otro que, volviendo realidad la ciencia ficción de Orwell en “1984” con su “Gran Hermano”, impone nuevas reglas y nuevas aspiraciones tan poco funcionales y adaptativas, que nos enfrenta a padres, psicólogos y maestros a toda clase de comportamientos disruptivos, problemas de atención, agresividad y más, y a ellos los somete a estados de tensión y depresión nunca antes vistos. Pero ¿cómo se puede explicar este fenómeno?
Lacan en su artículo “El estadio del espejo como formador de la función del yo” aborda el narcisismo como una forma de entender la relación del hombre con el contexto cultural en que vive. Es curioso cómo esa búsqueda permanente del ser humano de convertirse en ese imaginario que creyó ser a través de la mirada de la madre –el yo ideal- se repite fielmente incluso a través de los incipientes vínculos cibernéticos que no escapan al juego de identificaciones en el que estamos inmersos por el simple hecho de vivir en sociedad.
Mientras que el ideal del yo -y la consciencia que conlleva de ser únicamente el eslabón de una cadena- desfallece en una sociedad donde el padre abandona cada vez con más frecuencia la transmisión de normas, así como su presencia y el tiempo de calidad dedicado a sus hijos, éstos, a través de los distractores a su alcance, desarrollan un fuerte sentido de inmediatez, más no de trascendencia, situación que sin duda alguna está relacionada con la impactante apatía que demuestran los jóvenes en su quehacer diario, apatía que puede explicarse desde otro enfoque que complementa al anterior. En relación al deseo, Lacan sugiere que al igual que el sujeto, el propio deseo es resultado de la estructura del lenguaje, en donde tanto sujeto como deseo están determinados por lo simbólico, estructura que trasciende al sujeto y que al nombrarlo y distinguirlo como ser humano lo hace Ser. Y porque Es, da significado al ser del otro que, de forma recíproca, significa a su propio ser.
La reducción en el uso de caracteres escritos y palabras para expresarse obliga al individuo a ser más concreto y por tanto, menos simbólico. Si el nivel simbólico es lo que nos hace ser y determina nuestro deseo, no es de extrañar que entre más concreto sea nuestro lenguaje, más concreto será nuestro pensamiento, menos profundas nuestras aspiraciones y menos intenso nuestro deseo. No confundamos aquí deseo con impulso, pues vemos también que en la medida en que el deseo disminuye en esta Generación Twitt, la impulsividad aumenta en una búsqueda -me atrevo a decir- de llenar ese vacío que a todos nos mueve, pero que en su caso no identifican con la posibilidad de autorrealización, sino que es sólo satisfacción inmediata, intrascendente y muchas veces abrupta, agresiva e incluso autodestructiva.
En otras palabras, la satisfacción a través del uso de redes sociales se liga a la necesidad y sustituye al deseo. El resultado es toda una generación con necesidades pero sin deseo, lo que equivale a tener necesidades básicas y de seguridad (en palabras de Abraham Masslow, 1943) pero, al vivir inmersos en un mundo virtual que les da la ilusión de satisfacción y plenitud en relación con el otro, difícilmente desarrollan la necesidad de autorrealización, ya que solo son partícipes de un juego virtual bajo las reglas de ese gran Otro que se ha hecho de la vida virtual.
Ahora bien, como ya se mencionó previamente, la ausencia de un contacto personal, cara a cara sustituida por el mero contacto virtual a través de las redes, junto con la posibilidad de mostrar a los otros únicamente lo que se quiere mostrar e incluso la facilidad para crear perfiles ficticios, fortalecen la fantasía del yo ideal, lo que no somos pero deseamos ser, esa imagen mítica omnipotente y perfecta que una vez creímos ser y que perseguiremos por siempre. Sin embargo, el contacto real –fuera de la esfera virtual- con el otro, nos enfrenta a situaciones y vivencias en las que no podemos fingir lo que no somos. De esta manera, la imagen mítica, el yo ideal construido y a través del que nos relacionamos en el mundo virtual, es cuestionada y confrontada en la realidad que muestra abruptamente al yo real, y desata la agresividad del adolescente al ver, en la mirada del otro real, su ser verdadero y la certeza de que no es perfecto ni es la satisfacción del deseo de ese otro, como quisiera y fantaseaba ser. Basta decirle a alguien que no tiene razón, que no es quien cree, mostrarle un punto donde se limita la aseveración de sí, para que surja la agresividad.
“La mirada del otro me produce mi identidad por reflejo, a través de él sé quién soy y en ese juego narcisista me constituyo desde fuera” dice Lacan (1966). En las redes sociales la mirada del otro es asumida a partir de la fantasía anticipatoria y, posteriormente corroborada o frustrada por las respuestas que ese otro da o no a nuestras manifestaciones virtuales. Es así que la dinámica de las redes sociales adquiere un carácter voyerista y la actitud del que busca esa mirada es, además de narcisista, de tipo exhibicionista. Pero al igual que la mirada real, la “mirada virtual” o la fantasía de esa mirada es de carácter metafórico y guarda la carga de aquello que piensan de mí, el deseo del semejante, mi puesto en el universo. “La identificación en el otro y a través del otro, tal es mi yo” (Lacan, 1957) y es esta metáfora la que me aliena al definirme a través de la relación con el otro; relación regida por la estructura socio-cultural, normativa y lingüística, es decir, el gran Otro, que a su vez también aliena. En el mundo virtual la atención se centra en el número de seguidores y “amigos” que tengo. Más aún, al sustituir el vínculo real (en el que predomina la pulsión de vida) por esta suerte de vínculo ilusorio virtual, menos rico y potencialmente menos conflictivo, me pregunto si estarán dando prioridad -inconscientemente- a la pulsión de muerte, que Lacan considera como expresión del narcisismo y que, precisamente y entre otras cosas, rehúye el vínculo por evitar el conflicto, a la vez que rechaza el cambio, la actividad y la pro actividad por no perder un estatus quo que, aunque deficiente, conocido. Sumo así una posible explicación más a la falta de interés que demuestran hoy en día gran cantidad de adolescentes.
La Red Social se vuelve entonces un gran Otro virtual, una estructura, con normas, reglas, sistema de lenguaje en el que participamos esperando recibir gratificación, aunque muchas veces frustración es lo que aparece, llevando incluso el fenómeno del “bullying” fuera de las aulas, extrapolándolo a este universo virtual que, de alguna forma nos lleva en un proceso de regresión a ese primer momento, al inicio de la vida, donde el niño aún confunde la representación mental de un objeto satisfactor con el objeto real per se, produciéndose una satisfacción alucinatoria temporal que, a partir del aprendizaje irá distinguiendo y diferenciando claramente dicha imagen representada, del objeto real hacia el que posteriormente orientará sus búsquedas. La regresión surge cuando observamos que al tener intercambio con otros a través de las redes sociales, en una suerte de convivencia que no es una relación como tal sino que podríamos catalogar como la ilusión de, llegamos a sentirnos como si fuera real y nos deja lo suficientemente tranquilos en cuanto a nuestra necesidad natural de socializar.
Es preciso destacar en este punto próximo a la conclusión, que el desarrollo de estas tecnologías y espacios ofrecen infinidad de alternativas y que, utilizadas con criterio, constituyen herramientas útiles que nos permiten, entre otras cosas, mantener contacto con personas de todo el mundo y acercar así comunidades, familias, grupos, puntos de vista, etc., de tal forma que no se trata de satanizarlas, ya que el problema no es el uso, sino el abuso y en este sentido, la realidad es que cada vez escribimos y leemos más de lo que hablamos, y mandamos más besos y abrazos de los que damos y recibimos, aunque un letrero en la pantalla de nuestro ordenador o teléfono móvil nos haga sentir que intercambiamos afecto con la gente en nuestro entorno, nada puede sustituir la calidez del contacto personal.
Quizá si vemos un poco más a profundidad fuera del vaivén cotidiano de nuestra vida virtual nos daremos cuenta que fuera del universo cibernético, posiblemente estamos cada vez más solos y alejados de nuestros congéneres.
noviembre 29, 2011 a 11:16 am
Tétrico panorama de la juventud nos planteas, pero lo peor es lo real que lo vemos los que trabajos con jóvenes universitarios. Vale la pena preguntar sin barco
Como educador que hago con esta nueva generación tan diferente?
enero 15, 2012 a 4:31 pm
Juan Carlos,
Gracias por compartir tu inquietud. Precisamente el reto está en eso, cómo hacer desde un punto de vista tan distinto, para trabajar con estas generaciones. En ese sentido estoy llevando a cabo una investigación en busca de nuevos modelos educativos basándome en la premisa de que mucho de lo que observamos es ya un efecto evolutivo y, por tanto, bien encausado puede constituir ventajas en cuanto a habilidades, competencias y capacidades. Conforme avance la investigación (actualmente estoy en busca de fondos) les contaré más.